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¿Por qué penaliza Apple a los early adopters?

13 julio, 2010 Deja un comentario

Parece claro que en la estrategia de Apple los easy adopters (personas que adoptan rápidamente tecnologías emergentes) deben de ser consierados algo así como “daños colaterales”.

Ocurre prácticamente con todos los últimos lanzamientos de Apple desde hace unos años, que las primeras generaciones de productos cuentan con una relación calidad – precio muy inferior a las siguientes. Esta situación se dió ya con los primeros ipods, cuya batería duraba muy poco, eran más pesados, no eran compatibles con formatos de audio ya extendidos como el mp3… volvió a pasar con el iphone, cuya primera (y casi también segunda) generación tenía unas capacidades muy limitadas: no tenía SIM, la batería era testimonial, no tenía 3G… yo diría incluso que tenía unas capacidades muy por debajo de otros terminales que se podían encontrar en ese momento en el mercado, y que su éxito se debió casi exclusivamente al marketing, al sw y a la App Store.

Y ha vuelto a ocurrir con el ipad. Es cierto que como producto parece bastante más acabado que cualquiera de los otros dos ejemplos, pero también parece evidente que Apple se ha guardado capacidades hw para ir sacándolas poco a poco y mantener así la atención sobre el chisme. Cámara frontal, más almacenamiento, pantalla retina, usb… Está claro que tenemos campo de mejora sin recurrir a grandes alardes de imaginación ni inventar nada nuevo.

No sé si en los productos anteriores simplemente se trató de lanzamientos de productos inmaduros, para aprovechar un cierto momento del mercado, pero creo que en este caso se trata simplemente de una estrategia… sacamos un producto limitado, con el que aún así estamos años-luz por delante de la competencia y, cuando la distancia se estreche, vamos añadiendo capacidades sin subir el precio (encima todavía nos convencerán de que es una ganga… más por lo mismo). Quien aún no haya comprado el producto, encontrará el momento de hacerlo al ir introduciendo estas mejoras pero, por contra, quien ya lo tenga (especialmente si lo tiene desde hace poco) se sentirá frustrado al ver que ha realizado una inversión que pocos meses después está desactualizada…

Entendemos el argumento de que los early adopters comprarán pronto sea como sea el gadget; les da igual que tenga cámara frontal o no, por ejemplo (bueno, preferirían que la tuviera, pero asumen la carencia). También entendemos que una parte de ellos volverán a comprar el nuevo producto, simplemente por el placer de tener lo último (otros, no). Pero puede ocurrir también que poco a poco la gente vaya descubriendo que no les conviene comprar las primeras generaciones de productos Apple y decidan esperar un poco, por más que les apetezca o les venga bien el cacharro de turno.

Yo ahora estoy en esa situación. Me encantaba el ipod touch, pero no me lo compré hasta hace unos meses, lo que me ha permitido tener el iphone os4 a pleno rendimiento… me encanta el ipad, pero no me lo compraré hasta que vea que se trata de un producto maduro y estable (desde el punto de vista de su evolución), o encuentre una ganga, que los milagros ocurren a veces. Está bien tener lo último pero, al precio que Apple pone sus productos, creo que debemos pensarnos muy bien el momento de adquirirlos.

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iPod, iPad y otras hierbas

¿Por qué son tan complicados los impuestos?

22 junio, 2010 Deja un comentario

Como cada año por estas fechas, estamos casi todos inmersos en la fastuosa tarea de hacer nuestra Declaración de la Renta (así, con mayúsculas). Esa titánica tarea que nos ocupa tanto tiempo, primero recopilando los cromos que nos envían nuestros “pagadores”, nuestros bancos… luego descargando el Padre (este año, por fin, para Mac) y los datos fiscales o borrador (si has tenido la suerte de que tu vida sea tan simple como para que te envíen un borrador), revisando todo por si hubiera algún error (porque, eso sí, Hacienda no se hace responsable de sus propios errores… la culpa siempre es tuya), y, finalmente, resolviendo el misterio anual que hace que seamos de los “afortunados” a los que Hacienda retuvo de más durante todo el año y por eso te devuelven, o de los otros “afortunados” a los que les toca pagar todavía un poco más…

Y también como cada año, al revisar el extracto de todo lo que hemos pagado o vamos a pagar, tratamos de auto-confortarnos pensando en que es para el bien de todos, que con ese dinero se hacen hospitales, carreteras, se mantienen guarderías, colegios… y también como cada año acabamos acordándonos de que también sirven para pagar funcionarios perezosos (no todos, ojo, pero sí muchos), políticos corruptos y/o mentirosos, una religión que no es la de todos… e, inevitablemente como cada año, acabamos de mal humor.

Este año me gustaría añadir una reflexión un poco distinta, relativa a la complejidad de nuestro sistema fiscal. De nuevo he de confesar que no sé casi nada de fiscalidad y que esta reflexión me la inspiró este post sobre los privilegios de algunos colectivos en el IRPF; el hecho de no conocer el sistema fiscal en profundidad hará que todas mis reflexiones tengan, exclusivamente, la visión de la persona de a pie que mira alrededor de todo ese mundillo y se sorprende…

La primera sorpresa me la causa el hecho de que “el sector público” no sea capaz de cruzar datos entre las distintas administraciones para obtener ellos solitos los datos del 99,99% de nosotros. Indudablemente, tienen muchos más datos de los que utilizan (¿por qué no utilizan los datos, por ejemplo, de la venta de acciones para elaborar el borrador? ¿o una factura sobre un concepto desgravable de la cual el vendedor, sin duda, ha declarado el IVA hace meses?). La respuesta que se me ocurre es evidente: porque es más fácil y barato molestarme a mi para que se los provea (de nuevo), y porque, al tratarse de decisiones políticas, aparece la arcana incompetencia de los políticos para ponerse de acuerdo en casi nada.

La segunda sorpresa viene cuando, a veces, los datos que tienen son incorrectos o, en la mayoría de los casos, incompletos. Si tienen la información de todas mis cuentas bancarias, ¿por qué les faltan los de una? Y más aún, ¿por qué no utilizan la información de alguno de los años anteriores en que he ido corrigiendo este dado sitemáticamente?

Lo siguiente no es una sorpresa, sino más bien una señal de ineficiencia (coincidiréis conmigo en que esto nunca es una sorpresa en nuestras administraciones públicas): ¿por qué me devuelven dinero después de habérmelo quitado? Aparte del hecho de que este sistema constituye una forma de financiación a corto plazo totalmente gratuita (no deja de ser un préstamo a unos meses a interés cero), igual sería más fácil que yo pudiera informar a mi empresa de que tengo una hipoteca, o de que realizo donaciones, o de que tengo un plan de pensiones, para que me retengan menos todos los meses (algo que sí hacen con el número de hijos, que tampoco estoy pidiendo algo tan raro)… y luego, por supuesto, justificar todo en la declaración (no vamos a pedir que se fíen de nosotros, viendo lo que se ve). Se evitaría, aparte de la molestia a los usuarios, el movimiento de una ingente cantidad de dinero (aunque, ahora que lo pienso, los bancos perderían un montón de comisiones… ¿tendrá esto también algo que ver?).

Por último, una observación: ¿nadie más se ha dado cuenta de la cantidad de gente que vive de la complejidad del sistema impositivo? Asesores y más asesores viven de hacerle transparente a la gente de a pie los distintos tipos, formas, colores y sabores que tienen nuestros impuestos (no digamos ya si nos metemos en la tributación en las empresas).

Seguro que hay más ejemplos, pero estos tres me parecen suficientemente claros para ilustrar la idea… ¿Por qué, en estos tiempos que corren de ensalzamiento de la austeridad, no pensamos en aligerar este trámite? Que ya bastante duro es tener que pagar, como para que encima te cueste dinero…

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