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¿Siguen los libros el camino de la música?

Supongo que somos muchos los tecnófilos que nos estamos haciendo esta pregunta, aunque la respuesta, a falta de una reacción clara por los gremios de editores, escritores, libreros, impresores, etc. parece clara: sí.

Sí, porque, de nuevo, la tecnología va por delante del negocio; y cuando esto ocurre suelen aparecer nuevos mercados, en general, de manera descontrolada, alrededor de esa tecnología. Y no podemos argumentar que la situación de los libros electrónicos es demasiado inmadura, porque los buenos negocios se hacen siempre en mercados inmaduros. Pero resulta que, además, éste ya no lo es tanto:

  • Sólo en el mercado español existen ya más de diez modelos diferentes de ebooks, disponibles en cualquier tienda de electrónica (sí, incluso en El Corte Inglés).
  • Es relativamente fácil hacerse con modelos del mercado americano (yo mismo tengo un Sony PRS300 que no se comercializa aquí).
  • Los equipos son sencillos pero funcionan correctamente y la experiencia de usuario (del usuario que los utiliza para leer, no del que los utiliza para navegar, claro) es muy buena. Las pantallas de “tinta electrónica” permiten la lectura durante horas de manera continuada sin cansar la vista.
  • Comienza a aparecer software relativamente estable para la gestión de bibliotecas digitales (Calibre).
  • El lío de formatos cada vez lo es menos. Sobre todo desde el posicionamiento de Apple con su iPad a favor el formato abierto epub. Amazon y su formato propietario han perdido. Por otro lado, la mayoría de los lectores pueden trabajar con varios formatos sin ningún problema (epub, rtf…), y hay software para convertir formatos entre si (con mayor o menor fortuna).
  • Son, ergonómicamente, más cómodos que un libro: son más finos, pesan poco, se sostienen bien, la batería dura mucho (varios cientos de páginas). Desde luego, son ideales para llevar de viaje ya que en el más sencillo de ellos puedes guardar decenas de libros.

Creo que la situación es aún mejor que cuando comenzaron a aparecer los primeros reproductores mp3, por lo que no es de extrañar cómo están floreciendo las webs con enlaces para la descarga pirata de libros. Y eso que el pirateo de libros es mucho más engorroso que el de música o el de películas: alguien tiene que desmontar el libro, escanearlo, pasarlo por un OCR, revisarlo para corregir errores y ajustar las líneas, y subirlo a internet. Pues aún así, la oferta ahora mismo comienza a ser más que significativa… aún no tenemos disponible el último best seller al día siguiente de su aparición, pero sí un par de semanas después.

En lo que respecta al desarrollo, digamos, “legal”, del negocio, la oferta de venta de libros en castellano aún es muy limitada, y nula en lo tocante al alquiler. Y todo con su DRM… ¿a alguien le suena esta situación? Todo parece indicar que en lo que queda de año aparecerá algún tipo de iniciativa más o menos ambiciosa por parte de las grandes editoriales, para comenzar a vender contenidos legales. Parece ser que los precios de referencia vendrán con un descuento respecto al soporte físico de entorno al 20%. Pero con un IVA del 16%, que es el que aplica al comercio electrónico, por lo que el precio neto final será prácticamente el mismo que el del libro en papel.

Tengo la impresión de que me estoy perdiendo algo: ¿los consumidores ponemos el soporte físico y el precio es el mismo? ¿y los costes de impresión? ¿y los costes logísticos de almacenaje y distribución? ¿y el margen de las librerías? Ahora va a resultar que estos costes son despreciables (los costes despreciables suelen ser casi siempre los que se eliminan…). A mi me parece la misma situación que ocurrió (y sigue ocurriendo) con la música y los DVDs.

En mi opinión, la solución pasaría por los siguientes puntos:

  1. Precios justos y asequibles a los libros electrónicos. Parece razonable continuar pagando el trabajo del escritor y la edición, pero con los mismos márgenes actuales, no más.
  2. Venta en base a tarifas planas. Al contrario que con la música, el volumen de libros que una persona puede consumir es muy limitado, por lo que no debería haber mayor problema en poner a su alcance un gran catálogo de libros en modo “barra libre”.
  3. Contenidos de calidad; es decir, correctamente formateados, en diferentes formatos, probados en los distintos dispositivos, disponibles para diferentes tamaños de pantalla, con metadatos, etc.
  4. Disponibilidad de los contenidos en sitios seguros, que garanticen su integridad; a todos nos gustaría estar seguros de que lo que estamos leyendo no ha sido modificado por terceros sin autorización del autor.
  5. Sistemas de alquiler operativos desde el principio. El modelo biblioteca debe replicarse sin duda, ya que ésta es una fórmula sobradamente probada y exitosa.
  6. Nada de inversiones en DRM que incrementan los costes (y por tanto los precios) y son crackeadas en cuestión de horas (de nuevo, véase el ejemplo de la música, donde la mayor tienda del mundo, iTunes, decidió vender sin DRM precisamente por su inutilidad).

Y sólo nos estamos centrando en la utilidad principal de estos dispositivos que es la lectura de libros. Pero hay otra funcionalidad inmediata: la descarga diaria de periódicos y revistas a través de las capacidades wireless que incorporan los modelos de más alta gama (también con pantallas algo más grandes). Esta funcionalidad facilitaría, a través de la suscripción correspondiente, tener cargado en el ereader, a primera hora de la mañana, nuestro periódico favorito para poder ir leyéndolo camino al trabajo.

En definitiva, quienes tienen la oportunidad de gestionar este negocio deben aprovechar esta excelente oportunidad y comenzar a considerar que la competencia de los libros electrónicos legales ya no son los libros en formato físico; al igual que ocurrió con la música o el cine, la competencia ya es el intercambio gratuito de libros… y si no consiguen articular un negocio viable alrededor de los libros electrónicos, dentro de algunos meses tendremos en activo a una segunda SGAE (CEDRO creo que se llama la sociedad de gestión que aplicaría aquí) queriendo cobrar por los libros de dibujos de las guarderías o las revistas en las peluquerías…

Señores sesudos, por favor, háganlo bien… facilítennos la vida un poco, y ahórrennos hablar de CEDRO…

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