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Spotify para libros, ya !!!!!!!

Día a día vemos cómo los sitios que promueven el intercambio de libros electrónicos crecen y se hacen más presentes, con más publicidad, anticipando el negocio que se formará en unos meses. Y, mientras tanto, el negocio tradicional sigue inmóvil…

Hace algunos días escribí este otro post en el que reflexionaba sobre el camino que está llevando el (no) negocio de los libros digitales, y su paralelismo con lo ocurrido con la música en los últimos años. Después de leer algunos otros post interesantes sobre el tema y de haber mantenido un interesante intercambio de opiniones aquí, me ha parecido que el asunto daba para un poco más.

Me gustaría avanzar ahora en la línea de cuál sería el modelo de negocio ideal (no sé si, incluso, el único). De una lectura cuidadosa del título de este post se puede entrever por dónde va mi idea de evolución ideal: tarifa plana, buffet libre… modelo Spotify, o casi.

Veamos: ¿cuántos libros se puede leer una persona media en un año? Salvo para la gente que se dedica de forma más o menos profesional a la literatura, yo diría que dos al mes es el máximo (sí seguro que mucha gente lee más, pero también hay mucha gente que lee menos); suponiendo que alguno no lo terminemos porque no nos gusta (ocurre), creo razonable partir de un máximo anual de 30 libros. No parece un volumen excesivo…

El precio de las ediciones de bolsillo ronda los 10€, por lo que estamos hablando de un gasto anual en torno a los 300€. Es un gasto, en mi opinión, tan significativo que hay muchos lectores que no pueden permitírselo, ni tampoco el espacio que ocupan los libros en casa; es el público que recurre al intercambio privado, a las bibliotecas o que, simplemente, lee menos de lo que le gustaría. Es el público potencial del intercambio “alegal” en formatos digitales (no sé si llamarlo piratería).

Pero, ¿qué ocurriría si, de pronto, dispusiéramos de un servicio de tarifa plana? ¿Qué ocurriría si pudiéramos acceder a todos los libros que quisiéramos (o que pudiéramos leer, que no parecen ser tantos) por un coste fijo al mes? Este servicio sin duda atraería a todos esos clientes ávidos de lectura pero con medios limitados. Especialmente si cuenta con algunas características básicas como:

  • Cuota mensual, con libre acceso a los contenidos. Obviamente, aquí aparecen distintas variantes, diferentes tarifas para perfilar a distintos usuarios: 
    • Inmediatez: publicaciones recientes o con cierto tiempo en el mercado.
    • Idioma: uno o varios.
    • Formato: uno o varios.
    • Límite anual de descargas: 10, 20, 30… ilimitado.
    • Publicidad: sí o no y en distintos grados o formas.
  • Contenidos garantizados, en cuanto a su integridad (no han sido manipulados).
  • Contenidos accesibles en diferentes tipos de tiendas: sitios web sí, pero también kioskos en grandes superficies, contenidos cargados en soportes físicos en tiendas, promociones asociadas a otros productos, etc.
  • Contenidos accesibles en modo “off line”.

En este escenario, se maximizaría el acceso del público a la lectura sin ser necesarios controles técnicos especialmente complejos, ya que:

  • No sería necesario el alquiler. ¿Por qué alquilar pudiendo comprarlo y tenerlo todo el tiempo que quieras? Facilitaría releer los libros que te interesen…
  • No habría apenas intercambio privado. ¿Por qué pedírselo a un amigo pudiendo bajármelo yo?
  • La piratería sería muy residual. ¿Por qué arriesgarme con un contenido tan fácilmente manipulable si con la cuota mensual cubro el 90% de mi demanda? Por supuesto siempre habrá gente que se arriesgaría, y que pensaría que mejor no pagar nada que algo; pero en mi opinión sería una masa insuficiente para desarrollar un negocio paralelo como ocurre ahora con la música, por ejemplo.
  • Al no haber apenas piratería, no sería necesario seguir invirtiendo en estrategias de DRM que han fracasado estrepitosamente en la música y el cine (que se lo pregunten a Apple, que tuvo que quitar el DRM de iTunes porque lo único que generaba eran costes adicionales).
  • Los ingresos tendrían lugar en modo “prepago”, por lo que esto traería una capacidad de financiación muy interesante a la industria.

Sin embargo, por supuesto, el modelo tiene riesgos:

  • Coste de la tarifa. Obviamente, el coste debe ser suficiente para garantizar la pervivencia del mercado (manteniendo la distribución de porcentajes que pacten las distintas partes involucradas), pero suficientemente baja como para no frenar la demanda. Un buen perfilado de tres o cuatro tarifas (no convirtamos eso en algo parecido a la telefonía móvil) puede ser suficiente.
  • Ventana de oportunidad. El negocio debe desarrollarse antes de que los usuarios nos acostumbremos a tener contenidos gratis; una vez que pruebas el “gratis total” será muy difícil que vuelvas a pagar, aunque sea poco. Y ese momento es ahora.
  • Segmentación en diferentes proveedores incompatibles. Es decir, que los distintos actores no se pongan de acuerdo en un mercado único y que, por ejemplo, la tarifa plana de las publicaciones de cierta editorial no valgan para las de otra, o que las tarifas planas dependan de las tiendas (en este modelo las tiendas deberían aportar únicamente la plataforma de comercialización, escaparate, publicidad, etc; pero respecto a la tarifa plana, deberían ser simples gestores).

El hecho de incorporar nuevas tecnologías simplificará, además, el acceso de más escritores al gran público, ya que la inversión inicial para publicar tendría que ser mucho menor (una vez montada la infraestructura básica, incorporar más autores, más contenidos, no debería suponer un salto cualitativo en costes). Eso por no hablar de que no será necesario definir tamaños de ediciones a priori; una vez finalizada la obra, se distribuye y se empiezan a contabilizar las ventas. Y seguro que se mantienen plataformas de distribución paralelas para contenidos gratuitos, igual que hay ahora.

Además, si se consigue que no exista competencia entre plataformas de distribución (por ejemplo, autorizando una única plataforma por país a la que puedan suscribirse editoriales y tiendas), el reparto de beneficios debería ser absolutamente variable en función de ventas. Es decir: los autores con más ventas cobrarían más, pero también las editoriales que contaran con los mejores autores, así como las tiendas o canales de distribución que generaran mayores ingresos.

¿Es un modelo perfecto? Seguro que no… posiblemente los actores implicados preferirían seguir con el modelo actual, que conocen, que saben gestionar… con el que se sienten cómodos en definitiva (y que creo que es el que ha elegido, de momento, Apple para la tienda de libros que acaba de abrir para el iPad). El problema es que el modelo actual, igual que ocurrió con la música, está definitivamente acabado. Un modelo de tipo “tanto uso, tanto pago” no sirve porque mantiene las limitaciones del modelo actual: disuade del consumo e incita a buscar contenidos gratuitos (legales o no). Si se empeñan en mantenerlo pueden vivir de las migajas unos años más, pero el desarrollo del libro electrónico está lanzado y no va a pararse; los fabricantes de dispositivos van a seguir apostando y desarrollando este nuevo mercado.

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  1. 5 mayo, 2010 en 22:17

    Interesante artículo; veremos qué nos deparará el futuro, porque lo que es evidente que estamos ante un periodo de fuertes cambios.Tenemos que conservar todos estos artículos para ver quién acertó más en sus predicciones ;)Un saludo.

  1. 2 julio, 2010 en 8:08

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