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Sanidad pública, pero ¿gratuita?

Acabo de leer este interesante post sobre la sanidad pública en Francia, y me parece que el tema de si este servicio debe ser completamente gratuita o no, merece una reflexión. Obviamente, me refiero al uso de la sanidad, no a su disponibilidad… ya sé, todos sabemos, que nada hay gratis en esta vida, y que la sanidad la pagamos entre todos, aunque unos más que otros.

Vaya por delante que estoy completamente a favor del acceso universal a una sanidad de calidad, pero creo que hay ciertos matices que debemos considerar al reflexionar sobre este tema:

  1. Lo que no tiene precio, no tiene valor (desgraciadamente).
  2. El uso no es simétrico en la población, pero las aportaciones sí.
  3. Lo que es de todos, no es de nadie.

Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes…

La primera cuestión, la puesta en valor del servicio, se podría abordar a través del establecimiento de un “copago“. Este método está plenamente incorporado en la mayoría de los seguros médicos privados y se basa en que el cliente debe realizar algún pago (más o menos simbólico) cada vez que hace uso de la asistencia. Incorporar esta práctica a la sanidad pública aportaría, en mi opinión, tres beneficios:

  1. Prevendría abusos. Cuando tenemos que pagar por algo, aunque sea poco, nos pensamos dos veces si merece la pena.
  2. Incorporaría el concepto de “pago variable”, lo que podría permitir reducir las cuotas fijas manteniendo el mismo nivel de ingresos.
  3. Alinearía (mínimamente) las aportaciones y el uso (paga más no sólo quién más tiene, sino también quién más usa).

Obviamente, estas aportaciones variables deben ser lo suficientemente “simbólicas” como para no frenar el acceso universal al servicio cuando realmente se necesita. No parece que deberían estar, pues, directamente relacionadas con el propio coste de cada servicio, sino más bien con su probabilidad de uso (y abuso).

Una vez que hemos introducido el concepto de aportación variable en el uso de la sanidad, debemos continuar con la misma idea en el acceso a los medicamentos. Y es que el acceso gratuito a los medicamentos por parte de los jubilados (por el mero hecho de ser jubilados) no parece tener demasiada justificación, aparte del posible (probable) interés electoral de nuestros políticos. Los jubilados son un colectivo que, en general, utilizan mucho la sanidad, por lo que también deberían ser “contribuidores” a su mantenimiento. ¿Por qué los jubilados sí tienen medicinas gratis y un parado con dos hijos a su cargo, no? Parece bastante más justo proporcionar medicinas gratis basándonos simplemente en la renta per cápita familiar, y dejando fuera otros temas como la situación laboral, la nacionalidad, el estado civil….

Por último, todas estas reflexiones no sirven de nada mientras no seamos capaces de darnos cuenta de que estamos utilizando y administrando un bien público (es decir, de todos), y que cualquier abuso redunda en perjuicio del resto de propietarios… Tenemos que valorar el servicio que tenemos, conservarlo, y utilizarlo en la medida de nuestras necesidades, dejando fuera la picaresca y el engaño. ¿Quién no ha “utilizado” a algún familiar jubilado para obtener analgésicos gratis? ¿Quién no ha oído hablar de extranjeros que aprovechan su estancia en nuestro país para alguna operación quirúrgica (el llamado “turismo sanitario”)? Debemos cortar todas estas prácticas para hacer que el sistema sanitario sea más eficiente y, por tanto, más asequible para el Estado, especialmente en momentos de crisis como éste.

Resumiría por tanto estas reflexiones en tres ideas generales:

  • Ningún servicio a coste cero para el usuario
  • Aportaciones variables en base a renta y uso
  • Mayor control del abuso

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Categorías:crisis, política, sanidad, sociedad
  1. 25 mayo, 2010 en 0:47

    Empezaré diciendo que no estoy de acuerdo con lo que expones en varios de los puntos.El "copago" ya existe en cuanto a los medicamentos, puesto que el trabajador (esté en activo, parado, enfermo o como sea), ya tiene un aporte creo que del 40% sobre el precio del producto. Los pensionistas (jubilados) sí tienen el cien por cien de bonificación.En cuanto al "copago" en cuanto a asistencia sanitaria u hospitalaria, para aplicarlo lo primero sería plantear seriedad en cuanto a los sueldos y pensiones, porque es muy difícil que un prejubilado que cobre 426 euros mensuales (yo los cobro… por si alguien duda que esa miseria de cantidad existe), o un jubilado cuya pensión sea de 560 euros, o un trabajador con contrato de horas o de días, pueda pagar una parte de la consulta al médico de cabecera o una intervención quirúrgica. Porque lo que pasaría entonces es que la gente moriría por no tener dinero para ser atendida, o sencillamente tendría que ir a sitios de caridad (es lo que sucede en Estados Unidos). ¿Es eso lo que queremos aquí?Saludos.

  2. 25 mayo, 2010 en 9:32

    @Chesana: gracias por comentar. Cuando hablaba de copago me estaba refiriendo al copago en el uso de los servicios asistenciales, no a las medicinas, donde, efectivamente, ya existe. Y creo que sería factible fijar una renta per cápita familiar mínima por debajo de la cual no hubiera que pagar nada… creo que sería lo adecuado. Pero lo mismo para un jubilado que para un parado.Por otro lado, estamos hablando de cifras simbólicas (en sanidad privada la asistencia básica lleva un pago de entre 1 y 3 euros); y esta cantidad no debería depender del coste del servicio.

  1. 24 mayo, 2010 en 10:25

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