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¿Por qué son tan complicados los impuestos?

Como cada año por estas fechas, estamos casi todos inmersos en la fastuosa tarea de hacer nuestra Declaración de la Renta (así, con mayúsculas). Esa titánica tarea que nos ocupa tanto tiempo, primero recopilando los cromos que nos envían nuestros “pagadores”, nuestros bancos… luego descargando el Padre (este año, por fin, para Mac) y los datos fiscales o borrador (si has tenido la suerte de que tu vida sea tan simple como para que te envíen un borrador), revisando todo por si hubiera algún error (porque, eso sí, Hacienda no se hace responsable de sus propios errores… la culpa siempre es tuya), y, finalmente, resolviendo el misterio anual que hace que seamos de los “afortunados” a los que Hacienda retuvo de más durante todo el año y por eso te devuelven, o de los otros “afortunados” a los que les toca pagar todavía un poco más…

Y también como cada año, al revisar el extracto de todo lo que hemos pagado o vamos a pagar, tratamos de auto-confortarnos pensando en que es para el bien de todos, que con ese dinero se hacen hospitales, carreteras, se mantienen guarderías, colegios… y también como cada año acabamos acordándonos de que también sirven para pagar funcionarios perezosos (no todos, ojo, pero sí muchos), políticos corruptos y/o mentirosos, una religión que no es la de todos… e, inevitablemente como cada año, acabamos de mal humor.

Este año me gustaría añadir una reflexión un poco distinta, relativa a la complejidad de nuestro sistema fiscal. De nuevo he de confesar que no sé casi nada de fiscalidad y que esta reflexión me la inspiró este post sobre los privilegios de algunos colectivos en el IRPF; el hecho de no conocer el sistema fiscal en profundidad hará que todas mis reflexiones tengan, exclusivamente, la visión de la persona de a pie que mira alrededor de todo ese mundillo y se sorprende…

La primera sorpresa me la causa el hecho de que “el sector público” no sea capaz de cruzar datos entre las distintas administraciones para obtener ellos solitos los datos del 99,99% de nosotros. Indudablemente, tienen muchos más datos de los que utilizan (¿por qué no utilizan los datos, por ejemplo, de la venta de acciones para elaborar el borrador? ¿o una factura sobre un concepto desgravable de la cual el vendedor, sin duda, ha declarado el IVA hace meses?). La respuesta que se me ocurre es evidente: porque es más fácil y barato molestarme a mi para que se los provea (de nuevo), y porque, al tratarse de decisiones políticas, aparece la arcana incompetencia de los políticos para ponerse de acuerdo en casi nada.

La segunda sorpresa viene cuando, a veces, los datos que tienen son incorrectos o, en la mayoría de los casos, incompletos. Si tienen la información de todas mis cuentas bancarias, ¿por qué les faltan los de una? Y más aún, ¿por qué no utilizan la información de alguno de los años anteriores en que he ido corrigiendo este dado sitemáticamente?

Lo siguiente no es una sorpresa, sino más bien una señal de ineficiencia (coincidiréis conmigo en que esto nunca es una sorpresa en nuestras administraciones públicas): ¿por qué me devuelven dinero después de habérmelo quitado? Aparte del hecho de que este sistema constituye una forma de financiación a corto plazo totalmente gratuita (no deja de ser un préstamo a unos meses a interés cero), igual sería más fácil que yo pudiera informar a mi empresa de que tengo una hipoteca, o de que realizo donaciones, o de que tengo un plan de pensiones, para que me retengan menos todos los meses (algo que sí hacen con el número de hijos, que tampoco estoy pidiendo algo tan raro)… y luego, por supuesto, justificar todo en la declaración (no vamos a pedir que se fíen de nosotros, viendo lo que se ve). Se evitaría, aparte de la molestia a los usuarios, el movimiento de una ingente cantidad de dinero (aunque, ahora que lo pienso, los bancos perderían un montón de comisiones… ¿tendrá esto también algo que ver?).

Por último, una observación: ¿nadie más se ha dado cuenta de la cantidad de gente que vive de la complejidad del sistema impositivo? Asesores y más asesores viven de hacerle transparente a la gente de a pie los distintos tipos, formas, colores y sabores que tienen nuestros impuestos (no digamos ya si nos metemos en la tributación en las empresas).

Seguro que hay más ejemplos, pero estos tres me parecen suficientemente claros para ilustrar la idea… ¿Por qué, en estos tiempos que corren de ensalzamiento de la austeridad, no pensamos en aligerar este trámite? Que ya bastante duro es tener que pagar, como para que encima te cueste dinero…

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