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¿Nucleares? Sí y no, gracias

Parece que en los últimos tiempos (quizá los dos últimos años) se está reabriendo de manera extraoficial el debate sobre la conveniencia o necesidad de la energía nuclear. Un debate que estaba muerto y enterrado a raíz del accidente de Chernobyl, de un petróleo con los precios razonablemente estables y controlados y, por qué no, de unas energías renovables en expansión. Parecía, ciertamente, que ya no necesitábamos a las viejas centrales nucleares que tan buen servicio nos habían prestado en los últimos 30 ó 40 años.

Lo cierto es que, como casi todo en esta vida, la situación no era tan negra como la pintábamos… parece que comienzan a aparecer grises. Y es que, en el fondo, resulta que el precio del petróleo tampoco estaba tan controlado… ni las energías renovables están avanzando al paso que a todos nos gustaría. Y eso por no hablar de que la energía nuclear es razonablemente limpia en cuanto a su producción, generando unos resíduos muy peligrosos, es cierto, pero también controlados y manejables.

Y está claro que sus tres principales riesgos o problemas siguen estando presentes, igual que lo han estado siempre. El riesgo de accidente (fortuito o provocado) nos aterroriza a todos, pero no deja de ser un riesgo que puede gestionarse y mitigarse en gran medida (con los avances tecnológicos que se han ido aplicando a las centrales nucleares, ya es mucho menor que hace 30 años, por supuesto); alternativamente, los problemas generados en el medio ambiente por la contaminación derivada de los combustibles fósiles no es un riesgo sino una certeza.

El segundo gran problema es, creo yo, el más grave… ¿qué demonios podemos hacer con los resíduos altamente radiactivos que produce? Por ahora, hasta donde sé, sólo podemos almacenarlos, con el mayor cuidado posible… pero no parece una solución aceptable si estamos pensando en retomar la energía nuclear de manera masiva. Tenemos que encontrar una forma de destruirlos o deshacernos de ellos de manera definitiva (¿quién no ha pensado nunca en que por qué no los lanzamos al Sol?).

Y la tercera “pega” que podemos ponerle es que, al igual que ocurre con el petróleo, el carbón o el gas, depende del uso de un material, si no escaso, sí limitado (uranio, plutonio…). Y terminará por crear escasez, especulación, dependencias entre estados… y al final, agotándose. La energía nuclear es, desde este punto de vista, un parche al problema de la generación de energía aprovechable… nada que podamos considerar más o menos definitivo.

En mi modesta opinión creo que debemos reabrir este debate con seriedad y con planteamientos a largo plazo. Debemos decidir si somos capaces de resolver o, al menos, reducir los problemas que nos plantea la energía nuclear hasta poder volver a considerarla aceptable… pero también debemos saber que, aún así, sólo se trata de una solución a medio plazo; no nos vale a corto (se tardan varios años en poner en funcionamiento una nueva central nuclear) ni a largo (el combustible terminará por agotarse), por lo que deberíamos seguir considerando muy seriamente, como fuentes principales de energía, las renovables (que sí son una solución a corto, medio y largo plazo).

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  1. 5 julio, 2010 en 18:46

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