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¿Realmente importa dónde has nacido?

La pregunta es razonablemente absurda porque la respuesta es razonablemente evidente: sí, claro. Reza el dicho popular que uno no es de donde nace, sino de donde se hace, demostrando que nuestros antiguos tenían un punto más de sabiduría y de sensibilidad ante ciertas cosas, que nosotros estamos perdiendo.

Obviamente, sí es importante dónde se nace, claro que lo es. No es lo mismo nacer en Suecia, por ejemplo, donde el nivel de vida es uno determinado, frente a hacerlo en Nigeria (empezando por la probabilidad de llegar al segundo año de vida). Tampoco es lo mismo nacer en el barrio de Salamanca de Madrid, o hacerlo en La Rosilla (paradigma nacional de poblado chabolista). Claro que no es lo mismo.

Pero es bien distinto reconocer el hecho de que el lugar de nacimiento condiciona tu vida, tus posibilidades de desarrollo, a llegar al absurdo de juzgar a una persona sólo (o prioritariamente) por su lugar de nacimiento; una cosa es que condicione lo que tienes, y otra lo que eres. Y me gustaría retomar en este punto la respuesta a algunos comentarios que he recibido al post sobre el estatut, que, aunque no comparto, reconozco que responden al sentir de un cierto número de personas de este país (espero y creo que minoritario), no sólo catalanes, sino de cualquier autonomía.

Algunas de estas personas parecen considerar que es mejor lo próximo, aunque malo, que lo lejano (¿malo conocido frente a bueno por conocer?), y prefieren que, por ejemplo, un juez o un maestro hayan nacido en un determinado ámbito geográfico, a que sean buenos profesionales, lo que, en mi opinión debería ser prioritario. Si yo estuviera enfermo y fuera a un hospital, esperaría que me atendiera el mejor médico del mundo, independientemente de dónde se halle el hospital y dónde haya nacido el médico; lo mismo aplica al juez que tuviera que resolverme algún problema, a los maestros de mis hijos, a mi jefe o al piloto de un avión… Y también aplica a los políticos: me gustaría que fueran los mejores administradores del mundo (en mi opinión un político no debería ser más que un mero administrador de los bienes públicos).

Hay una frase en uno de esos comentarios que dice algo como esto:

“… unos políticos mediocres a quienes los catalanes tenemos el derecho y el deber de vituperar y vilipendiar lo que nos plazca, pero son nuestros cabrones mediocres y los de nadie más, no creo que eso le de pie a nadie de fuera para atacarles…”

No sé qué opinaréis al respecto, pero a mi me parece que esa frase denota una ignorancia y radicalidad supinas (es curioso cómo ambos conceptos suelen ir unidos). ¿Por qué conformarse con la mediocridad? ¿Sólo porque han nacido cerca de casa ya deben ser la mejor opción? ¿Pensamos que así defenderán mejor nuestros intereses? ¿Acaso su lugar de nacimiento debe protegerles aunque sean incompetentes?

Sorprende también la contradicción latente muchas veces en personas que piensan así, digamos en “modo localista”, pero que luego se rasgan las vestiduras cuando aparecen brotes xenófobos o racistas. Ellos están favoreciendo estas situaciones al defender estas acciones proteccionistas con sus vecinos incompetentes, o al primar a sus vecinos en situaciones de competencia… se consideran muy “progresistas” y se les llena la boca llamando “fachillas” a los que pensamos que lo mejor no depende de dónde se haya nacido o del idioma que se hable. No; están equivocados; los progresistas somos los que defendemos la tolerancia y la flexibilidad… los fachillas son ellos.

Sinceramente creo que no hay mucha gente que opine así. No hay mucha gente que se considere a si mismos  mejor que el resto simplemente por haber nacido en un lugar determinado. No hay mucha gente que prefiera un mal médico sólo porque haya nacido en la calle de al lado. No hay mucha gente que vote a un político u otro por su lugar de procedencia. Y quien sí lo haga, debería reflexionar y pensar que estarán cada vez más solos… porque este mundo cada día está más y más globalizado, más interconectado y más mezclado; la justicia, la educación, las comunicaciones, son conceptos universales.

El respeto y el reconocimiento a los demás debería basarse en sus méritos, en sus capacidades y no en su lugar de nacimiento, su color de piel, su religión o su idioma. Ver lo que nos une debería ser más fácil que encontrar las diferencias. Entendernos debería ser prioritario.

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