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Bien común, bien de “nengún”

Como casi todos los dichos populares, el que da título a este post está cargado de razón. Lo que es de todos, no es de nadie. Así imagino que piensan una parte (no sé si grande pero sí al menos muy visible) de los gestores públicos que tenemos.

Creo que todos los que no hemos sido ni probablemente seamos nunca funcionarios hemos tenido alguna vez en la cabeza los típicos tópicos referidos a este colectivo: que no trabajan lo suficiente, que abusan de sus extraordinarias condiciones laborales, que ya nos gustaría que alguien los “metiera en vereda”, que no tienen suficientemente interiorizado quiénes somos sus clientes, que a ver cuándo desarrollan de una vez la e-administración para no tener que verles más…

Bueno, tampoco comparto completamente estas ideas, o al menos no las comparto como una generalidad aplicable a todos los funcionarios. Sí que es cierto que, en mi opinión, las condiciones laborales de este sector hacen muy difícil luchar contra los abusos que, por supuesto, existen; abusos de gente que no hace su trabajo y abusos de funcionarios que no tratan correctamente a sus clientes (nosotros). También es cierto que estos abusos al final manchan la imagen de todo el colectivo que, y esto sí que creo que es una generalidad, los consiente (aquí podríamos incluir también el papel jugado por los sindicatos, protegiendo a trabajadores que abusan a costa del resto).

Y esta mala imagen es también responsabilidad, quizá en mayor medida si cabe, de muchos de los gestores que se encargan de hacer funcionar los distintos servicios públicos (en el chiste de arriba, ¿quién tiene más culpa, los dos señores que no hacen nada, o su supervisor que se lo consiente?). Estos gestores parecen a veces más interesados en una posible carrera política, o en una segunda vida laboral en el sector privado, que en optimizar el servicio público que se les ha encomendado. En la empresa privada esta actitud terminaría con estas personas en “la rúe”, sin más contemplaciones.

Necesitamos, urgentemente, optimizar el sistema público (a cualquiera de sus niveles: local, autonómico o estatal) para evitar que nuestros amables políticos sigan cayendo en la tentación de reducir costes a base de recortar (en general… cualquier cosa…), en lugar de buscar soluciones más complejas, pero más eficientes (y duraderas). Y estas iniciativas deberían surgir del propio sistema público, tal y como se hace en la empresa privada. No estoy pensando, ni remotamente, en reducir puestos de trabajo (aunque seguramente se pudiera aplicar alguna reducción sin gran impacto en el servicio), sino en optimizar la distribución de funciones entre los trabajadores, y exigirles un rendimiento acorde a su posición. Estoy pensando en potenciar la retribución variable, en base a rendimiento y objetivos cuantificables en todo el sector público. Estoy pensando en que todos, gestores y trabajadores, desempeñen sus funciones con eficiencia

Pero, claro, para eso tenemos que comenzar a ver el bien común como lo que en realidad es: un bien de todos.

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  1. 13 agosto, 2010 en 22:40

    Buenas noches-lo son-Me parece muy interesante el tema-básicamente porque me salpica de cerca-
    Soy funcionaria, lo cual dicho así, ya desmerece. Hay múltiples factores a analizar sobre el tema. Yo sufro desde dentro. Sufro la indiferencia de los gestores, la mala educación del usuario, la incompetencia manifiesta de muchos compañeros, la pésima infraestructura, los inexistentes medios tecnológicos, materiales, etc, el incentivo nulo, y mil cosas más.
    Descendiendo a detalles simples, cuando necesito una luz la utilizo y después la apago, odio desperdiciar papel y siento que el espacio que ocupo merece el mismo trato que mi propia casa, por lo que no puedo entender que otros lo consideren tierra de nadie.
    Mil cosas, pero por centrarme en algo, el problema que tiene distintas soluciones, siempre pasa por una gestión seria, cosa que no se da en la administración pública.
    Un cordial salu2
    Luisa

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